Cyril Fhal

Hay muchos tipos de restaurantes. Buenos, malos, sencillos, ampulosos, caseros, industrializados, excelsos, pésimos… y posiblemente en lo que estamos todos es, en las escasas o no tan escasas veces que ponemos parte de nuestro patrimonio en juego, acertar lo máximo posible en algo que nos satisfaga, que cumpla nuestras (altas o bajas, eso también depende del momento) expectativas. A veces, buscando la novedad, claro.

Es una simple afinidad hedonista: si me tengo que gastar 50€ en una cena, quiero disfrutar, y en la medida de lo posible y aunque no siempre lo espero, quiero que me emocione. Sí, no sólo se trata de que la cena esté bien. Acostumbramos a rendir fidelidad a aquellos que nos han dado un plus. Y sí, sentimos un gran placer cuando encontramos ese plus: es como si hubiéramos llegado a casa. Otro: si estoy de ruta por terra incognita y tengo que comer un menú para luego seguir, acostumbro a llamar a un amigo que conozca la zona para que me diga cuál es la mejor opción que el GPS, inerte, evidentemente, no me dará. A todo eso nos agarramos, y suma y sigue.

Pues creo que con el vino podemos establecer algunas analogías. Es un ejercicio que me gusta y viene bien a este primer post: hay vinos industriales buenos (algunos) y malos (muchos); así como vinos artesanos muy recomendables (bastantes) y algunos nefastos (también bastantes). Algunos (muy poquitos) nos dan ese plus que buscamos, y algunas veces no tiene que ver con el PVP final en términos absolutos, sino con algo tan sabido por los marketineros como es la relación entre lo que estamos dispuestos a pagar y lo que esperamos recibir por ello.

Cyril hace poco más de 10.000 botellas. Es, clarísimamente, un artesano. He tomado sus vinos por lo menos 4 veces, y las cuatro me ha emocionado. Con muy, muy, muy pocos vinos se me ha puesto la piel de gallina. Eso es el plus que me ofrecen los vinos de Cyril Fhal, Clos du Rouge Gorge, Latour-de-France, Pyrénées-Orientales (el 66). En coche: 2 horas y poco desde Barcelona.

Me gusta Cyril Fhal. Mucho. Me gusta su trabajo, su apuesta profesional, que por fuerza termina siendo una apuesta vital. Un parigot en el sur. Me gustan sus vinos, me gustaron desde el primer momento en que los probé.  Fhal es un tipo que sabe y se nota.

Llegamos a Latour-de-France tras una plácida noche en Maury, por la carretera de Estagel, bien para la cita. Buscábamos una casa grande, fuera del pueblo, o un camino; no sé muy bien qué buscábamos, teníamos la dirección pero íbamos a ciegas. Cruzamos el pueblo un par de veces, preguntando, hasta dar con su casa. Nada del otro mundo, la verdad: una casa de pueblo bastante normal. Cyril nos recibió correctamente y nos llevó con su coche a conocer sus tierras. Día de mucho viento, día de tramontana (para los de ese lado de la frontera, la tramontana viene del Oeste, de la Cerdanya: lógico). En el coche, viejos cd’s de jazz. Uno de mis compañeros de ruta, disfrutando como un loco con la música, y todos gozando con la conversación. Llegamos a su casa y en la parte de abajo encontramos la bodega, pequeña, muy fría, un caos perfectamente ordenado.

Siguiente paso: probamos sus vinos. Primero el blanco, un macabeo monovarietal: floral, graso, algo mineral, se nota la barrica, muy bien pero francamente no nos sorprende viniendo de estar el día anterior con Tom Lubbe. Los tintos. Primero un joven jeunes vignes, garnacha y algo de cariñena. Brutal. Mineralidad a tope, fresco, elegante.. ah! estoy apoyado en un palet de cajas y doy un paso atrás, me tengo que apoyar más fuerte. Cruzamos miradas: esto es grande, muy grande. Luego pasamos al vielles vignes, del 2007, terreno de cariñena. Mare meva! Es como… como chupar un trozo de pizarra, un recuerdo fugaz: me acuerdo de cuando era crío e ibamos con otros chiquillos por el camino del río (el Cinca) a escarbar buscando las raíces de la regaliz. A esa frescor me llevó el vielles vignes de Cyril Fhal. Un vino impecable: expresión del sur. De nuevo cruzamos miradas, hay brillo en los ojos pese a la penumbra de la bodega. Yo me emocioné y no recurdo lo que dije, si es que dije algo. Se me erizó la piel y noté que era uno de esos momentos en que no hay que decir nada más.

Así llegó la hora de comer y Cyril no nos dejaría irnos así como así. Además, ya nos había avisado: sus dos grandes pasiones son sus vinos y su huerto. Nos quedábamos a comer y no había mucho que apelar. Mientras subía al piso de arriba a preparar algo mandó una pequeña delegación campo a través y copa en mano a recoger tomates, calabacines y berenjenas a su jardin. Hermosa conversación. Fuimos encantados, tramontana incluida. Regresamos cargados y encantados. Arriba sonaba el jazz. Otro caos ordenado. Un intelectual en el sur. Nos sentamos a comer y fuimos felices pensando que el paraíso no debía andar muy lejos de Latour-de-France.

 

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3 respuestas a Cyril Fhal

  1. Malena dijo:

    Tengo que pensar una respuesta. ¿Tal vez un post? Podría continuar en donde tu dejas o lo que dejas fuera del marco pero se intuye. Camino con el hijo descalzo de Ciryl por la calle y por los viñedos. Cada viña plantada de manera independiente. ¿Por qué no me acuerdo nombre? ¿Acaso importa? Este niño de 8 años caminaba por ahí, ¿lo recuerdas? probando las uvas una por una, cepa a cepa, observando que todavía le faltaba a tal, que había que esperar, etc. Ese niño tiene claro que ES viñerón, no lo será, lo es. Y lo hará descalzo y será el mejor preparado para esas viñas igual que Ciryl. Lo que quiero decir es que Ciryl crea las circunstancias para que todo florezca a su alrededor. Yo también quiero sus vinos en mi vida. Salut!

  2. Fantástico post y mejor descubrimiento. Apetece mucho probar esos tintos, caramba!!!
    Salut i endavant!
    Joan

  3. marc dijo:

    Bienvenido Joan, un placer encontrate por aquí.
    Malena, qué hermoso lo que cuentas. ¡Claro que lo recuerdo! Tengo muy presente en mi mente ese pequeñín ya muy grande, descalzo sobre las piedras del campo, señalando un racimo y, tomando cuidadosamente una uva, diciéndome “ésta está todavía muy ácida, le falta todavía un buen tiempo en la planta”. Qué razón tienes: ahí no hay herencia o promesa, ahí hay viñerón de pies a cabeza. Sigue sigue…

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