La fiesta de vinoartesano.com

El 5 de junio. Quien se lo pierda, que luego no llore 🙂

Los vinos que se ofrecerán son los que se pueden comprar a través de vinoartesano.com

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Tast amb Llops 2011

Ja s’acosta…

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El amante enamorado (en Priorat)

Artículo publicado en el blog de Tast amb Llops:

Se acerca ya la 5ª Edición de Tast amb Llops y quiero pensar en los motivos por los que el amante del vino, el llamado consumidor final (que horrible ser reducido a eso, a consumidores: compra, compra, compra –y calla-), en definitiva la persona que le gusta disfrutar y acompañar su paso por este mundo con una copa en la mano, quiero pensar pues en los posibles motivos por los cuales valdría la pena desplazarse hasta Gratallops y asistir a este encuentro.

Me pongo en su lugar. No me es un ejercicio muy dificil, la verdad. Partimos del punto que me gusta el vino. Soy un amante del vino. No sabría decirles en qué grado me gusta, si más o menos que a otros, pero lo que si sé es que hubo un día en que me dejé seducir por la vitis vinifera y los misterios de la preferida de Baco. Hubo un día en que elegí, o quizás fue el vino quien me eligió, para que me acompañara en el camino. Y me temo que fue para siempre.

¿Y en qué consiste esto de amar el vino? Bueno, no es sencillo decirlo así a bote pronto, pero en mi caso diría que consiste en la voluntad de extender la relación con el vino más allá de lo que suele ser el abrir la botella antes de una cena y tomarse su contenido. Fin. No, eso a mi no me vale. Amo el vino de una forma en que me gusta dar esos pequeños pasos en dirección a lo que hay antes de que llegue al lineal de la tienda. Quiero conocer, en la medida de lo posible, cual es la historia que hay detrás de ese vino. Esto, indefectiblemente, acostumbra a llevar a encuentros, encuentros con personas, que son parte de la historia del vino. Un vino sin personas detrás es un vino muerto y yo, como amante del vino, no tengo mucha estima por los vinos muertos. De estos hay a patadas y me provocan más bien poco interés. Lo que quiero es conocer quién hace ése o aquél vino. Quiero conocer en qué condiciones se desarrolla su trabajo. Y lo que uno suele encontrarse allí, es pasión. Y a menudo esa pasión se contagia y acaba trasladándose al contenido de la botella. Me gusta acercarme al campo, conocer la tierra y también conocer cuales son las variedades de vid. Clima, fruta, terroir y productor apasionado. Quizás sea esa la fórmula. ¡Qué fácil parece y qué complejo es! Para mi, amar el vino consiste, cuantas veces me es posible, en aprovechar un viaje (¿o quizás definirlo en base a esto?) para acercarme a una realidad, nueva o ya conocida, a su alrededor.

Hablar del vino del Priorat, a estas alturas, es poco más que una necedad. Suele caerse en el tópico y eso es nefasto. Que si vinos caros, sobrevalorados, que si se han pasado tres pueblos, también se habla a veces de esnobismo. Es un mal vicio, a menudo mal copiado del afán del periodismo por los titulares, de definir las distintas zonas productoras de vino con un sólo término. Y venga todos a cargarnos el detalle, el matiz, la complejidad, lo hermoso por particular. Del Priorat se dicen muchas cosas que afortunadamente cambian en el mismo momento en que se accede a este mundo casi onírico, salvaje, indómito, todavía razonablemente aislado que es la comarca del Priorat. Si un término cuaja perfectamente con Priorat, es el de magnetismo. Es un lugar cuya naturaleza te envuelve y te atrapa, desnuda incluso. Invito a quien no lo conozca que aproveche un encuentro como Tast amb Llops para acercarse y dejarse llevar. Les contaré algo por lo que un consumidor final que ama un poco el vino no puede ser ajeno al magnetismo que tanto atrapa del Priorat. Es mi historia, pero podría ser cualquier otra.

Supongo que Priorat, y más particularmente Gratallops, me hacen ir a lugares comunes y a la vez muy íntimos que permanecen en el fondo de la memoria y marcan, desde allí abajo, algunas de las decisiones y actos que tomo en la vida actual. De crío viajaba alguna vez al entonces muy muy remoto Priorat, en el asiento de atrás de un Seat 124 blanco conducido por mi padre y con el maletero lleno a rebosar de garrafas vacías, de vidrio y algunas recubiertas de mimbre. Recuerdo la ruta una vez accedíamos a ese mundo aislado y silencioso, de miradas oscuras, un mundo de fondas y hostales: empezábamos en Cornudella, con vistas a Siurana, Poboleda, Escaladei, las dos Vilellas y Gratallops, antes de regresar, parada en Falset, hacia la costa y volver a la ciudad. Casi siempre bajo los cingles del Montsant, observando y protegiendo. Esto era antes, o quizás ya empezaban, que los vinos de Priorat eclosionaran, hicieran el gran salto y los cuatro personajes por todos conocidos contribuyeran a poner esta remota comarca en el mapa del mundo. En esa época las cosas eran un poco distintas: en esencia se trataba de ir de cooperativa en cooperativa, llenando las garrafas de garnachas imposibles, viejas e indomables, plantas aparentemente muertas, resecas, retorcidas en un palmo de terreno descompuesto, vinos duros y alcohólicos. Vinos que, según oí decir alguna vez en casa, algún día serían algo. Parece ser que si, que así fue.

Desde entonces, quizás fue entonces cuando aún sin saberlo, el hechizo del vino ya me había conquistado. Pasarían aún unos años hasta que lo descubriera (o quizás irremediablemente me entregara docilmente), pero Priorat ya era para mi un territorio de peregrinaje, como para otros lo es Compostela o el Monte Kailash.

Si aman el vino, vengan a Tast amb Llops y dejen que la fiesta los venza y enamore sin oponer resistencia. Nos vemos el 30 de abril.

 

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Salón de Vinos Naturales: 3a edición

Este próximo domingo 27 de marzo, en el Convent de Sant Agustí (C/Comerç 36) tendrá lugar el Tercer Salón de Vinos Naturales. Ya sabéis: el procedimiento habitual. Yo no podré estar hasta la primera hora de la tarde, pero ahí nos encontraremos.

Salon de Vinos Naturales 3

EXPOSITORES

Viticultores franceses:

– Julien GUILLOT – Domaine des Vignes du Maynes – Borgoña
– Mathieu LAPIERRE – Domaine Lapierre – Beaujolais
– Thierry PUZELAT – Puzelat-Bonhomma & Clos du Tue-Bœuf – Valle del Loira
– Nathalie GAUBICHET & Christian CHAUSSARD – Nana Vins et Cie & Domaine le Briseau – Valle del Loira
– Bernard BELLAHSEN – Domaine de Fontedicto – Languedoc
– Axel PRÜFER – Le Temps des Cerises – Languedoc
– Jean-Sébastien GIOAN – Potron Minet – Rosellón
– Antony TORTUL – La Sorga – Languedoc-Rosellón

Viticultores españoles:

– Laureano SERRES – Mendall – Terra Alta
– Joan Ramón ESCODA – Celler Escoda-Sanahuja – Conca de Barberà
– Antonio VILCHEZ – Bodegas Naranjuez – Granada
– Josep TORRES – Casa Pardet – Costers del Segre
– Jordi SANFELIU – Vinya Sanfeliu – Costers del Segre
– Juan Pascual LÓPEZ – Viña Enebro – Bullas
– Julián RUIZ VILLANUEVA – Bodega Ecologica Bruno Ruiz – Toledo
– Fabio BARTOLOMEI – Vinos Ambiz – Madrid
– Alfredo MAESTRO TEJERO – Bodegas Maestro Tejero – Ribera del Duero
– Miguel MÁRQUEZ – Dagón Bodegas – Manchuela

Viticultores italianos:

– Giulio ARMANI – La Stoppa y Azienda Agricola Dinavolo – Emilia Romagna

Otros expositores:

– Álex PADRÓ – Llúpols i Llevats (Cervezas Glops) – L’Hospitalet de Llobregat
– Tati GUIMARÃES – Ciclus (Ecodiseño) – Barcelona
– Piñata Punyeta – Laboratorio creativo – Barcelona

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Shhhh… (¡estamos catando!)

Tal y como están las cosas, con la manida crisis que aprieta y a veces parece que vaya a cortar la respiración, experiencias bien planteadas como ésta deberían divulgarse y pasar de ser la excepción a algo común. Al final os cuento el por qué.

En el principio siempre hay una excusa: en este caso, un doble cumpleaños. El regalo: una cata a un grupo de amigos que gustan de tomar buenos vinos, y saben que a estas alturas el asunto ya no pasa por tomar más de lo mismo, sino por abrir el juego a cosas distintas, que no nuevas (¡volvamos al origen!). Vinos con un planteamiento productivo lógico, escalado, coherente, evitando artificios: me gusta el término artesano.

Y eso que la noche pintaba más a nodo que a florecilla (29-e), mal asunto, a priori… pero el mundo es de los valientes y optamos por seguir adelante. Mientras preparábamos la mesa, se trabajaba en la cocina y dejábamos las botellas descorchadas una horita antes de empezar en la mesa del balcón (esperando y generando expectativas), abrimos un espumoso de Riesling Brut Sekt 2008 de la Bodega Alexander Barzen (Mosel), para ir haciendo boca. Andaba yo un tanto despistado dando vueltas de aquí para allá y no presté la atención necesaria al Sekt. Pero queda otra botella en casa y ya hablaremos más adelante.

Con las botellas preparadas, a ciegas, empezamos el juego: se trata de probar seis vinos* distintos, vamos a dar algunas pistas, tampoco hay que pasarse: tres españoles, dos franceses, un italiano. Breve introducción a lo que son los principios artesanos. Se han intentado buscar vinos que representen su zona, clima, suelo y variedades autóctonas lo más fielmente posible. El objetivo de la cata: se trata de intentar reconocer e identificar las características propias de algunas zonas claramente definidas. Recordamos algunos tips del proceso de la cata (¡tampoco nos encorsetemos, que estamos disfrutando y para rigidez ya está nuestro amigo Miller!)y vamos para adelante.

Primero. Ojo que el primero juega en campo ajeno. Otra vez, ahora si. Uno dice que le parece que es un Priorat o Montsant, que reconoce el vino que está tomando. Yo, en silencio, claro. Vamos bien. Segundo. ¿Eh? Esto es muy muy raro. Olor a meado, frutos rojos pero… algo dulzón y a la vez amargo. Nadie se pronuncia, pero todos estamos de acuerdo que se trata de un vino muy distinto a lo que conocemos. Tercero. Psé, caras ambiguas, mayor acidez que los dos anteriores… alguien dice ¿sal? pero sin mucha seguridad, yo sonrío para mis adentros, me encanta descolocar al personal, hasta que uno dice: “¡es el jugo de los berberechos!”, la madre que le parió, se acerca más de lo que cree… Cuarto. Capa baja, bajísima, parece un rosado. Caras de éste no vale mucho. Un vino mucho más sutil. Reconocerlo es complejo. No convence demasiado. Quinto. Cambio total: se nota la barrica, dicen, yo añado que al final queda un punto que resultará familiar a quien le guste el whisky. ¡Si! En broma alguien dice si es un vino escocés. No, seguro que es un vino español, hay consenso. Sexto y último. ¡Oh! ¡Me gusta! Fruta roja a tope, aunque ¿no es muy ácido este vino? Apunto que éste es un vino del 2009, el más joven de todos, así que queda un poco en desventaja en cuanto a madurez respecto a los otros. Así se entiende la acidez.

Bien, ya con hambre y ganas de empezar a cenar y seguir hablando de vinos, pongo el mapa sobre la mesa, con los puntos de donde son los vinos, y las tarjetas que he preparado antes. Y entonces la luz aparece, vamos resolviendo el misterio: tres vinos se sitúan geográficamente muy claramente (el primero, el tercero y el quinto -o sea los tres vinos españoles-), los otros tres cuesta más identificar pero vamos desvelando el asunto.

A partir de ahí empezamos a charlar de esto y aquello, también de los vinos, contentos por haber probado cosas tan interesantes y también ¿por qué no? desconcertantes. Uno dice: “me gustó el tercero para sorprender, y el último para acompañar una comida”, otra apunta: “mi favorito es el segundo !qué raro!”, y aquél “yo me quedo con el quinto y con el primero”. A mi me mata el cuarto, qué maravilla. No nos ponemos de acuerdo, y eso es lo fantástico. Sin darnos cuenta, hablando, ya estábamos en la cena. Alguien trajo unos callos caseros (notables, les faltaba sólo un punto de picante, pero notables) en la mesa había mejillones y otras closcas frescas, foie, quesos, alcachofas y berenjenas rebozadas, algunos ibéricos, salmón preparado en casa… vamos, nada que envidiar a ningún restaurante.

Y hablando de restaurantes, quiero terminar con la parte práctica y económica del asunto, de ahí lo que decía al principio de que este tipo de experiencias, compartidas, deberían ser cada vez más populares: los vinos sumaron un total de 106€ (alguno adquirido a distribuidor y bodega, es cierto). Un estimativo del gasto de la comida que acompañó la cata rondaría alrededor a los 100€. Sumemos 210€ en total. Eramos 7. Sale exactamente a 30€ por persona. ¿Cuánto nos costaría esto en un restaurante? Ya sé que la comparación es ventajista y juega a mi favor, pero aunque dice el anuncio que hay cosas que no tienen precio, sí que las tienen, y si puedo disfrutar de media docena de vinos, en un juego simpático y divertido, en el que todos los que allí estuvieron lo pasaron genial y disfrutaron (hay consenso en repetirlo, pronto, con vinos blancos), ¿para qué tengo que dejarme una fortuna? ¿De quién es patrimonio disfrutar como nosotros lo hicimos?

¡Salut y a disfrutar de todas las catas que están por venir!

*Las botellas que tomamos fueron, en este orden: 

  1. Priorat: TERRAM 2006. Bodega Saó del Coster. Garnacha 46%, Cariñena 35%, Cabernet S. 14%, Syrah 5%.
  2. Italia (Piemonte): PROTOASCIUTTO 2006. Bodega Tenuta Grillo. Dolcetto.
  3. Rías Baixas: GOLIARDO 2008 Tinto de mar. Bodega Forja de Salnés. Loureiro.
  4. Borgoña (Côte d’Or): G.BARTHOD 2008. Bodega Ghislaine Barthod. Pinot Noir.
  5. La Mancha: PATIO ENSAMBLAJE 2008. Bodegas Patio. Syrah 50%, Tempranillo 25%, Petit Verdot 12%, i Graciano 12%. Mea culpa: por error me confundí de botella (quería poner un Selección), aunque a decir verdad el Ensamblaje mantuvo bien el tipo.
  6. Côtes du Rhône (Crozes-Hermitage): DOMAINE 2009. Bodega Domaine Combier. Syrah.
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