Shhhh… (¡estamos catando!)

Tal y como están las cosas, con la manida crisis que aprieta y a veces parece que vaya a cortar la respiración, experiencias bien planteadas como ésta deberían divulgarse y pasar de ser la excepción a algo común. Al final os cuento el por qué.

En el principio siempre hay una excusa: en este caso, un doble cumpleaños. El regalo: una cata a un grupo de amigos que gustan de tomar buenos vinos, y saben que a estas alturas el asunto ya no pasa por tomar más de lo mismo, sino por abrir el juego a cosas distintas, que no nuevas (¡volvamos al origen!). Vinos con un planteamiento productivo lógico, escalado, coherente, evitando artificios: me gusta el término artesano.

Y eso que la noche pintaba más a nodo que a florecilla (29-e), mal asunto, a priori… pero el mundo es de los valientes y optamos por seguir adelante. Mientras preparábamos la mesa, se trabajaba en la cocina y dejábamos las botellas descorchadas una horita antes de empezar en la mesa del balcón (esperando y generando expectativas), abrimos un espumoso de Riesling Brut Sekt 2008 de la Bodega Alexander Barzen (Mosel), para ir haciendo boca. Andaba yo un tanto despistado dando vueltas de aquí para allá y no presté la atención necesaria al Sekt. Pero queda otra botella en casa y ya hablaremos más adelante.

Con las botellas preparadas, a ciegas, empezamos el juego: se trata de probar seis vinos* distintos, vamos a dar algunas pistas, tampoco hay que pasarse: tres españoles, dos franceses, un italiano. Breve introducción a lo que son los principios artesanos. Se han intentado buscar vinos que representen su zona, clima, suelo y variedades autóctonas lo más fielmente posible. El objetivo de la cata: se trata de intentar reconocer e identificar las características propias de algunas zonas claramente definidas. Recordamos algunos tips del proceso de la cata (¡tampoco nos encorsetemos, que estamos disfrutando y para rigidez ya está nuestro amigo Miller!)y vamos para adelante.

Primero. Ojo que el primero juega en campo ajeno. Otra vez, ahora si. Uno dice que le parece que es un Priorat o Montsant, que reconoce el vino que está tomando. Yo, en silencio, claro. Vamos bien. Segundo. ¿Eh? Esto es muy muy raro. Olor a meado, frutos rojos pero… algo dulzón y a la vez amargo. Nadie se pronuncia, pero todos estamos de acuerdo que se trata de un vino muy distinto a lo que conocemos. Tercero. Psé, caras ambiguas, mayor acidez que los dos anteriores… alguien dice ¿sal? pero sin mucha seguridad, yo sonrío para mis adentros, me encanta descolocar al personal, hasta que uno dice: “¡es el jugo de los berberechos!”, la madre que le parió, se acerca más de lo que cree… Cuarto. Capa baja, bajísima, parece un rosado. Caras de éste no vale mucho. Un vino mucho más sutil. Reconocerlo es complejo. No convence demasiado. Quinto. Cambio total: se nota la barrica, dicen, yo añado que al final queda un punto que resultará familiar a quien le guste el whisky. ¡Si! En broma alguien dice si es un vino escocés. No, seguro que es un vino español, hay consenso. Sexto y último. ¡Oh! ¡Me gusta! Fruta roja a tope, aunque ¿no es muy ácido este vino? Apunto que éste es un vino del 2009, el más joven de todos, así que queda un poco en desventaja en cuanto a madurez respecto a los otros. Así se entiende la acidez.

Bien, ya con hambre y ganas de empezar a cenar y seguir hablando de vinos, pongo el mapa sobre la mesa, con los puntos de donde son los vinos, y las tarjetas que he preparado antes. Y entonces la luz aparece, vamos resolviendo el misterio: tres vinos se sitúan geográficamente muy claramente (el primero, el tercero y el quinto -o sea los tres vinos españoles-), los otros tres cuesta más identificar pero vamos desvelando el asunto.

A partir de ahí empezamos a charlar de esto y aquello, también de los vinos, contentos por haber probado cosas tan interesantes y también ¿por qué no? desconcertantes. Uno dice: “me gustó el tercero para sorprender, y el último para acompañar una comida”, otra apunta: “mi favorito es el segundo !qué raro!”, y aquél “yo me quedo con el quinto y con el primero”. A mi me mata el cuarto, qué maravilla. No nos ponemos de acuerdo, y eso es lo fantástico. Sin darnos cuenta, hablando, ya estábamos en la cena. Alguien trajo unos callos caseros (notables, les faltaba sólo un punto de picante, pero notables) en la mesa había mejillones y otras closcas frescas, foie, quesos, alcachofas y berenjenas rebozadas, algunos ibéricos, salmón preparado en casa… vamos, nada que envidiar a ningún restaurante.

Y hablando de restaurantes, quiero terminar con la parte práctica y económica del asunto, de ahí lo que decía al principio de que este tipo de experiencias, compartidas, deberían ser cada vez más populares: los vinos sumaron un total de 106€ (alguno adquirido a distribuidor y bodega, es cierto). Un estimativo del gasto de la comida que acompañó la cata rondaría alrededor a los 100€. Sumemos 210€ en total. Eramos 7. Sale exactamente a 30€ por persona. ¿Cuánto nos costaría esto en un restaurante? Ya sé que la comparación es ventajista y juega a mi favor, pero aunque dice el anuncio que hay cosas que no tienen precio, sí que las tienen, y si puedo disfrutar de media docena de vinos, en un juego simpático y divertido, en el que todos los que allí estuvieron lo pasaron genial y disfrutaron (hay consenso en repetirlo, pronto, con vinos blancos), ¿para qué tengo que dejarme una fortuna? ¿De quién es patrimonio disfrutar como nosotros lo hicimos?

¡Salut y a disfrutar de todas las catas que están por venir!

*Las botellas que tomamos fueron, en este orden: 

  1. Priorat: TERRAM 2006. Bodega Saó del Coster. Garnacha 46%, Cariñena 35%, Cabernet S. 14%, Syrah 5%.
  2. Italia (Piemonte): PROTOASCIUTTO 2006. Bodega Tenuta Grillo. Dolcetto.
  3. Rías Baixas: GOLIARDO 2008 Tinto de mar. Bodega Forja de Salnés. Loureiro.
  4. Borgoña (Côte d’Or): G.BARTHOD 2008. Bodega Ghislaine Barthod. Pinot Noir.
  5. La Mancha: PATIO ENSAMBLAJE 2008. Bodegas Patio. Syrah 50%, Tempranillo 25%, Petit Verdot 12%, i Graciano 12%. Mea culpa: por error me confundí de botella (quería poner un Selección), aunque a decir verdad el Ensamblaje mantuvo bien el tipo.
  6. Côtes du Rhône (Crozes-Hermitage): DOMAINE 2009. Bodega Domaine Combier. Syrah.
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7 respuestas a Shhhh… (¡estamos catando!)

  1. Malena dijo:

    El otro día una persona que quiero mucho pero que no veo hace tiempo me dijo que un amigo de la vieja barra hacía esto que tu cuentas en tu post. Compra vino y queso y convoca a los amigos a la casa a catar. ¿Qué emociones movemos al hacer estas actividades? Estamos al calor de los amigos, cosa que se cosecha con el tiempo, y estamos descubriendo sensaciones y soltándonos como los niños pero superando la vergüenza a decir lo que sentimos. Creo que las catas así son momentos de intimidad, de mover afectos y de sentir nuestro cuerpo como no lo hacemos de manera cotidiana. Es terapéutico como cualquier actividad que te conecte con tus emociones. Andar a caballo, cultivar el huerto propio, vivir a un tiempo desacelerado, recordar viejos tiempo, pronunciar palabras nuevas o hacer asociaciones “raras” como el zumo de los berberechos asociado a un vino. Eso no lo dices si no estás en el espacio de confianza para hacerlo. Quiero que me invites a una de estas. Gran valor los amigos, el vino, la comida y el techo de alguien. Salut!

  2. Malena dijo:

    Vinoterapia: claro, hablaba de eso! Porque lo de untarse con cremas de vino y sumergirse en una bañera, a priori y en teoría, me impresiona bastante:)

  3. marc dijo:

    Si Malena, es vinoterapia y también empezar a descomplejizar todo esto. Es cierto que un vino blanco no dará nunca aroma a frutillas del bosque, pero una vez tengamos cuatro conceptos claros, se trata de bajar los humos a algunos estirados y empezar a relajarnos todos para disfrutrar. A mi me sirve que me digan que tal vino le viene el jugo de los berberechos, y me sirve porque significa dos cosas: una que es una forma de expresar algo que ese tinto de mar tiene, por lo tanto el que lo dice no va nada desenfocado; y dos que como dices se crea un ambiente de confianza en que nadie se siente extraño por decir algo tan poco ortodoxo. ¿Cuántas veces los que no tenemos “estudios” sobre el tema y nos hemos ido curtiendo con la experiencia, leyendo y probando y probando no nos hemos sentido acongojados por el sabelotodo de turno? No, estoy cada vez más convencido que esto de disfrutar catando pasa por el crear un ambiente relajado, con experiencias como la aquí contada, pasa porque el que “sabe algo más que los otros”, pero no mucho, que es el que prepara la cata, entienda cuál es su papel, y ahí retomo la figura de la matrona socrática que tanto me gusta y ya saqué en otro post: el de ayudar a los demás a comprender y a disfrutar, dando pequeñas correcciones que ayuden, pistas, algunos datos… alguna vez te he contado que por casualidad pude escuchar una clase de introducción a la cata de un enólogo a un grupo de personas que estaban ahí por haber ganado un sorteo, y era un baile mareante de procesos químicos, moléculas y polifenoles. Pensé que era un nefasto orador y desde el minuto uno había perdido a su público. Una pena.
    Joan lo decía el otro día: el vino es pasión. Mi relativamente corta experiencia en esto, está empezando a darme unas cuantas oportunidades de enredar a gran parte de mi entorno en esto del vino. Son varios los que piden otra cata. yo encantado. Pero eso no sería posible sin pasión, sin auténtica pasión por lo que hacemos (y te incluyo, porqué lo sé). Si sólo fuera cuestión de moléculas y polifenoles, nadie habría dicho ni pío. Por tanto descomplejizémonos un poco, añadámosle poesía al asunto y contemos un hermoso cuento, que nunca faltará quien guste de escuchar una buena historia.

  4. Malena dijo:

    Claudio tiene el ipod en random y justo suena un dixie bien clásico, un clariente como los agudos de un vino joven pero que en conjunto va bien para mayor. Amo la música y el vino y el arte. El otro día miraba un “espejismo” de Claudio y me daban ganas de morder una galleta de chocolate crujiente y un porto de añada. Qué cosa, no? Cómo lo explicas?… También caía fantástica una copa de cava…

  5. Estimado Marc. Muchas gracias por tu post y tu blog. Hace poco acabo de terminar un curso de sumiller y la verdad es que me siento desbordada por tanto conocimiento y sobre todo lo difícil que es avanzar en este mundo, ya que solamente se puede lograr con la práctica y probando y probando.
    En estos días atrás resolvimos con un grupo de amigos que al menos una vez al mes nos vamos a reunir en una de nuestras casas y me encargaré junto con uno de ellos, argentino y enólogo, de adquirir los vinos para catarlos. Pero resulta que tu post me ha dado una idea genial en la forma de hacerlo, ya que así será como un juego, la pasaremos genial y de paso aprenderemos. Imagino que nos pondremos de acuerdo mi amigo y yo para alternarnos y que uno solo conozca el secreto. Así que gracias por la idea.
    Aprovecho para comentarte que he comenzado a escribir un blog (tienes la página en los datos) y a lo mejor te interesa intercambiar enlaces.
    Un abrazo y salud…

  6. marc dijo:

    Hola Gisela y bienvendia a este blog. Creo que das en el clavo comentando el apabullamiento que sentimos cuando a veces nos sentimos empujados al detalle de la parte más técnica del vino. Creo que en mayor o menor medida todos nos hemos sentido abrumados en alguna cata, o escuchando o alrededor de alguien “que sabe mucho” de esto. Ahí pueden pasar dos cosas: que nuestro interlocutor nos ayude o que nos infunda tal respeto que empecemos a empequeñecer y a dudar de nuestro propio criterio. Lo que yo reclamo es que todo esto, al fín, se convierta en un juego. Yo no sé mucho de vinos, peor sé lo suficiente como para atreverme a seleccionar unos cuantos e informarme de su historia. Y contarla. Porque lo que todos queremos es que nos cuentes buenas historias, no me cansaré de decirlo y repetirlo. Y no tanto que si los polifenoles esto o el ácido málico aquello. ¡Que le dén por ahí al tartárico! Relajémonos y disfrutemos, y seguro que haremos disfrutar a los demás.
    Saludos!

  7. Jordi dijo:

    Que no pare la fiesta y siga la cata… y a ciegas, que así sale la verdad.

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